Reflexión de lunes

Cuántas veces os habéis dicho, hoy última vez, mañana ya esto va a cambiar. En muchos ámbitos nos podemos proponer cosas, objetivos, y para llegar a ellos hay que hacer esfuerzos que no siempre son fáciles. Pero… si queremos conseguirlo, tenemos que hacerlo, no vamos a lograr aquello que nos hemos fijado si no recorremos el camino que nos lleva a ello. Por ejemplo, si yo estoy aquí sentada y quiero beber agua, para lograr ese objetivo tendré que levantarme y dirigirme al lugar donde puedo encontrarla, ¿no creéis?

Suena sencillo, pero no siempre es así. Nuestra mente es muy poderosa, a veces para bien otras para engañarnos y no dejarnos avanzar hacia donde queremos, poniéndonos a prueba día si y día también. Lo único que tenemos que hacer es ser más astutos que esta y demostrarle que con nuestras destrezas podemos vencer los obstáculos que ella nos pone. Claro, que a esos obstáculos hay que sumarle todas las demás montañas que se forman a nuestro alrededor.

En un primer momento podemos sentirnos fuertes, levantarnos con el convencimiento de que sí, de que es el día en que vamos a dirigir nuestra motivación a aquello que queremos lograr, pero mantener esa energía es lo complicado. En un solo segundo nuestra mente nos pone entre el sí y el no, el hazlo y no lo hagas. Y lo más sencillo suele ser dejarnos llevar por esta hacia el camino contrario. En esos momentos es cuando debemos recordarnos los objetivos. O replantearlos. Quizá no debemos marcarnos un objetivo que veamos lejano en el tiempo o en dificultad. Pongamos que nos habíamos fijado leer a diario una hora porque queremos coger el hábito de leer. Quizá el pensar que tenemos que leer una hora si no es algo que nos engancha o si no es una costumbre que tenemos previamente, nos haga decir, mejor mañana empiezo hoy tengo mucho que hacer. Pero, ¿y si nos decimos que hoy vamos a dedicar 10 minutos a leer algo que nos guste? Seguramente lo hagamos más fácilmente.

Por tanto, para lograr algo propongo que nos planteemos metas en un principio cercanas, y poco a poco vayamos proponiéndonos metas más complicadas y espaciadas, porque ya nos habremos enganchado en la rueda de lograr cosas, y no hay nada más placentero que eso. ¿Acaso no os sentís especialmente bien cuando lográis algo que os habéis propuesto?

Es una reflexión que creo necesaria, egoistamente la he hecho para mí, porque soy una persona muy exigente conmigo misma, siempre me parece poco todo lo que hago y quiero dar el máximo o más en todas y cada una de las cosas en las que me implico, que no son pocas. Lo cual me supone un estrés que suele desencadenarse en ansiedad que me lleva a no disfrutar de las cosas como debería, y a abusar de ciertos alimentos que no son más que perjudiciales para cuerpo, salud y mente. Mi objetivo, no dejar que la imagen que mi cabeza forma de esos placeres irreales se vuelva en acción, pero siempre sin prohibir, puesto que si lo que hacemos es prohibirnos conseguiremos el efecto contrario. Ya sabemos eso de que el fruto prohibido es el más apetitoso.

Ahora es el momento, ni antes, ni después. Y, si ahora no lo conseguimos tampoco hemos de frustrarnos, simplemente bajar el listón del objetivo a algo más fácil de alcanzar. Ya llegará el momento de lograr el objetivo más superior.

Y si creéis que necesitáis ayuda para lograrlo, no hay nada malo en pedirla, no estamos obligados a lograr todo sin ayuda de nadie, juntos es más fácil, ¿no creéis?

Reflexión de lunes con sabor a domingo.

Deseando leeros…

 

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Sed felices, pero no…

Llevo tiempo queriendo volver a dedicar un espacio en el blog a escribir, a redactar, a dejarme llevar por las palabras que están dentro de mi desordenadas y que cobran sentido al dejarlas salir.

Hoy es el día. Y quiero hablaros de la felicidad. Utópica felicidad.

Siempre nos enseñan, quizá no siempre, pero si la mayoría de veces, que tenemos que ser felices, y nos dan unos cánones de felicidad que creemos que son los perfectos e ideales; nada más lejos de la realidad.

La felicidad, como tal, es utópica. Es imposible alcanzar un estado completo de felicidad, la vida es un continuo ir y venir, donde hay buenos, malos, dulces, amargos, momentos. Y, es ahí, en esos momentos, donde podemos disfrutar de la felicidad. La felicidad no es más que un estado transitorio, que debemos disfrutar cuando llega. La felicidad, puede ser simplemente el hecho de estar tomando un café, solo, o acompañado, con azúcar o sacarina, sin nada o con leche.

Día a día tenemos momentos de felicidad, que obviamos, porque tenemos en mente esa idea idealizada, ese estado de plenitud, que nunca llegaremos a alcanzar. Podemos alcanzar muchos de nuestros sueños, y aún así, no sentiremos esa continua felicidad. Soñemos, y hagamos que los sueños se cumplan, pero no nos debemos obcecar con ese fin, simplemente tenemos que disfrutar del camino, esforzarnos, pasarlo bien, sufrir, hacernos fuertes con los momentos duros y relajarnos cuando algo bueno sucede.

La felicidad, por tanto, es algo que podemos sentir continuamente y nos privamos de ello. Os propongo que hagamos un ejercicio. Hoy, o cualquier otro día, vamos a estar muy atentos a todo aquello que nos hace sentir bien. Desde levantarnos temprano sin haber puesto el despertador. Ponernos un desayuno saludable y sabroso. Disfrutar de ese café calentito, amargo, o dulce tal vez. Esa llamada que nos saca una sonrisa. Esa persona que nos encontramos por la calle y hacía tiempo que no veíamos. Simplemente dejar que el día fluya pero pararnos un segundo en aquellas cosas que nos están haciendo bien. Así os iréis dando cuenta de todos los momentos de felicidad que estamos dejando pasar, y empezaremos a cogerlos, saborearlos, guardarlos para nosotros, llenándonos así de energía positiva, fuerza, para aquellos otros momentos, que también los habrá, donde sonreír sea lo último que nos apetezca.

Ahora estoy disfrutando de un momento muy feliz. Yo, tecleando suavemente, dejando salir de dentro eso que llevo guardado, y comparto, porque compartir es vivir, y nos hace más felices a todos. Estoy sentada en la cama, gozando del calor que esta me ofrece, pero más aún la compañía de mi pequeño, mi cachorro favorito, el que lo da todo por mí, y hace que cualquier momento infeliz de la vuelta.

Sed felices, pero no busquéis la felicidad. Utópica felicidad.

 


Utópica felicidad -CC by-nd 2.5 es -Sonia Gómez Diez

LA SOMBRA DEL VIENTO, FIN.

Gabon laztanak,

un domingo más aquí estoy para hablaros de la lectura en la que me sumergí hace unos días. Y es que… ha llegado a su fin a comienzos de semana.

Si os estáis preguntando si os lo recomiendo, la respuesta es sí; PERO, sólo si no os importa tener un libro extenso entre las manos con el que pasar varios días, dependiendo de vuestra velocidad semanas incluso y habrá quién tarde meses.
¿Y que más da? Lo importante no es el tiempo que tardamos, sino el disfrutar el camino.

La historia, es posible que te enganche hasta el final (o no), la intriga que te crea el querer saber, el formar todas las piezas del puzzle, o confirmar si el puzzle que has reconstruido es el mismo que el autor quiso construir, si es que lo construye, esto dejo que lo descubráis vosotr@s.

El miedo que me provocó en un inicio, se fue desvaneciendo, y lo agradecí, pues depende de lugar y la hora donde lea, puedo tener después serios problemas para conciliar el sueño y moverme con libertad por la estancia. ¿Os pasa?

Lo que si os puedo asegurar es que si os gustan tanto como a mí los libros de reflexión y ensayos, en este podéis encontrar varias citas con las que pasar minutos, horas, divagando por vuestros pensamientos. Aquí una pequeña muestra:

“Este mundo no se morirá de una bomba atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo.”
La sombra del viento, 129.

“El mal presupone una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo […]”
La sombra del viento, 186.

“Y conserva tus sueños […] Nunca sabes cuándo te van a hacer falta.”
La sombra del viento, 333.

“La espera es el óxido del alma”
La sombra del viento, 376.

“Hay decepciones que honran a quien las inspira.”
La sombra del viento, 466.

“[…] las casualidades son las cicatrices del destino. No hay casualidades […] Somos títeres de nuestra inconsciencia.”
La sombra del viento, 521.

“¿Sabe el loco que está loco? ¿O los locos son los demás, que se empeñan en convencerle de su sinrazón para salvaguardar su existencia de quimeras?”

La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.

Y como todo lo que empieza, tiene su fin, este libro lo ha tenido para mí. Pero todo final trae un nuevo comienzo, cada puerta cerrada abre nuevas puertas o ventanas, y ya tengo entre mis manos otro libro con el que poder, después daros una opinión. ¿Sabéis ya cual es? En Instagram lo desvelé…

Por último, me gustaría que me recomendaséis libros, me gustan los ensayos, libros que hagan reflexionar… y también busco libros sobre la música, la teoría de la música, me gustaría mucho aprender.

Milesker, gracias eta… Musu handi handi handi bat! Gabon pasa!

Souarin.

No es vida.

“Y con esa ilusión se vive,

vivir con una ilusión es vida,

pero cuando se apaga es peor que la muerte,

una ilusión apagada significa sufrimiento,

una ilusión sin vida, una vida sin ilusión, no es vida.

 

Así me siento, no se como avanzar, siento que todo paso que doy es retroceso, que poner un pie delante solo significa andar hacia atrás. No encuentro la manera, ni si quiera se si la hay, quizá sea ese el problema, que no la hay y la estoy intentando buscar. Por eso todo paso me lleva a equívocos, a malos ratos, a ríos incesantes de lágrimas resbalando por mi fina tez.

No es vida.”


No es vida. –
CC by-nd 2.5 es –
Sonia Gómez Diez

No era mi lugar, pero aquí estoy.

“No era mi lugar,

pero allí estaba. Sentada, esperando. ¿Dónde estoy? No lo recuerdo, o no lo quiero recordar. Sigo esperando, no veo a nadie, ¿Acaso yo también soy un ente con ojos que no ve? Quizá es que no quiero ver. Mi turno está cerca, cada vez el ambiente está más en tensión. Y yo solo me pregunto ¿Qué hago aquí si este no es mi lugar?.

Dicen mi nombre, tengo que ir, es lo que dicen las normas, y yo siempre las respeto. Creo que ese es el problema, siempre, normas, normas, normas, siempre, normas y leyes. Y las cumplo.

Estoy de nuevo sentada, frente a otra persona, que esta vez me escucha, pero no solo escucha, juzga, cada palabra, cada movimiento, cada mirada, y yo lo sé. Yo no soy un alma más, no soy una persona sin alma con corazón latiente, yo soy un cerebro que no para de establecer nuevas conexiones; no sabe que quien analiza, mira, juzga soy yo. No soy una más, soy yo, y este no es mi lugar. Pero aquí estoy.

Ahora no me siento escuchada, solo siento que intentan manipularme y llevarme por donde quieren pero ese camino ya lo sé, y lo puedo hacer sola. Mas siempre es mejor ir acompañada, si la compañía es buena, claro. Y esta no lo es, pero aquí estoy, en este lugar que a pesar de no ser mío lo he tenido que acoger durante unos minutos que se me antojan horas.

Estaba en lo cierto, no es mi lugar, ya me han mandado a otro, que quizá si lo sea, aunque no lo veo claro, yo solo se que este no es mi lugar.
<lugar> bonita palabra para tan absurda estancia, cinco letras desperdiciadas, un segundo malgastado en pronunciarla, una nueva arruga creada por posicionar los labios para decirla. Lugar.

No es mi lugar, y no merece serlo”

 
No era mi lugar y no merece serlo. -(c) -Sonia Gómez Diez