No es vida.

“Y con esa ilusión se vive,

vivir con una ilusión es vida,

pero cuando se apaga es peor que la muerte,

una ilusión apagada significa sufrimiento,

una ilusión sin vida, una vida sin ilusión, no es vida.

 

Así me siento, no se como avanzar, siento que todo paso que doy es retroceso, que poner un pie delante solo significa andar hacia atrás. No encuentro la manera, ni si quiera se si la hay, quizá sea ese el problema, que no la hay y la estoy intentando buscar. Por eso todo paso me lleva a equívocos, a malos ratos, a ríos incesantes de lágrimas resbalando por mi fina tez.

No es vida.”


No es vida. –
CC by-nd 2.5 es –
Sonia Gómez Diez

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Cuántas veces sí, cuántas veces no.

“La dificultad está en nuestra mente, es la que nos pone límites, la que con sus barreras nos intimida y no nos deja ser quien realmente somos. ¿Pero existimos?

Llevo un rato reteniendo, conteniendo, pero me está siendo imposible. Empiezo a notar como cae, como resbala y a su paso me deja la piel mojada, como con cada milímetro que avanza mi corazón se estremece y se encoje; no me gusta. He podido mucho tiempo, más que meses, y ahora no entiendo que me pasa, ¡¿Qué me pasa?!; es horrible.

Muevo la cuchara, la pongo en el plato, la llevo a la boca, pero no. Lo vuelvo a intentar, mis ojos no dejan descanso, mi cabeza incesante noria, dando vueltas, arriba abajo, abajo arriba. Cada vez está más cerca, ya puedo oler el metal, esta vez si, pero no.

Cuántas veces en la vida viviré un sí, pero no, cuántas veces de tener algo a punto, una ilusión encendida, que se apaga sin llegar a tocarla.

 

Cuántas veces sí, cuántas veces no.”

 

Souarin.


Cuantas veces sí, cuantas veces no. -(c) – Sonia Gómez Diez

Mucho, muy, difícil

“Me he dejado caer, pero no me he caído, solo he terminado sentada en esta silla, que antes recordaba cómoda, ahora no aguanto, necesito volver a mi mundo, a mi rincón, donde nada ni nadie pueda molestar. ¡Qué asco estar aquí!

Miro y no puedo dejar de mirar, pero no veo nada, o no quiero verlo. Sigo mirando, y noto que me miran, siento esos ojos clavados en mí, esperan que actúe de un modo, mas haré lo contrario.

Yo sigo mirando, sigo con la mirada fija, no viendo nada, porque no me interesa. En el fondo sí, pero puedo controlar lo que quiero que me interese y esto no me interesa.

Me gusta tener todo bajo control.

Algo se me escapa, puedo mirar y no ver, pero no puedo respirar y no oler, malditos sentidos, por qué serán tantos, así es muy difícil controlar, es muy difícil, mucho.

Mucho, muy, difícil.”

 

Souarin.

Mucho, muy, difícil. -(c) -Sonia Gómez Diez

Me he dejado caer

“Hablando de casualidades, ¿existen? Es algo que siempre escucho pero nunca me ha dado por reflexionar mucho. A decir verdad para pensarlo me pongo un ejemplo:  “¡Qué casualidad verte por aquí!”– retumba en mi cabeza. Y me imagino la situación en la que esa frase encaja. Y sí, a mi me parece que si que existen, porque de alguna manera habrá que llamar a eso que ha sucedido, al igual que al lugar donde la mayoría vivimos llamamos casa y no reflexionamos sobre si las casas existen, ¿existen las casas?

Existe todo aquello a lo que logramos poner nombre.

No sé el tiempo que llevo aquí tirada, mirando al mismo punto, que ya parece estar incluso dibujado en el techo, puedo verlo, casi tocarlo, cada vez lo veo más cerca. Oigo una voz, creo que es hora de moverme de aquí, pero, ¿existen las casas? ¿y nosotros?

¿Y si no existe nada en realidad?

Estoy intentando mover esta pesada pierna, necesito un truco para hacerlo más fácil, me resulta todo un reto ir de un lugar a otro, moverme de aquí para allá, simplemente bajarme de donde estoy, si es que existe, claro, si es que existo.

Lo he conseguido, ya estoy en pie, y ahora queda lo más complicado, coordinar los movimientos hasta allí. ¿Y si allí no existe, para qué todo este esfuerzo?

Cada vez me retumba más la voz, si ya estoy casi, solo tengo que ir al compás de dos dos veces diez. Y dejarme caer.

 

Ya está, deambulo hecho y

 me he dejado caer.”

 

Souarin.


Me he dejado caer -(c) -Sonia Gómez Diez

Imperfecta perfección.

“No oigo, no escucho, no veo, no miro. El tiempo está pasando, pero que más da, que pase, que pase y cuanto más rápido mejor. No sé ni que hora es, pero sigo aquí, con la mirada fijada en lo único blanco que veo en mi vida, lo único que parece ser luz, pero que no lo es. Además, tampoco es tan blanco, tiene manchas, las he contado y son más de diez, de formas diferentes: cuadrados, círculos, pero no son perfectos. ¿Y qué lo es? Siempre en la búsqueda de lo perfecto, mas ¿qué es la perfección? Seguramente muchos nunca os habréis parado a pensarlo, porque no interesa que pensemos, para que vamos a pensar, si pensamos el mundo que unos pocos intentan manejar se escapa, el tren se descarrila, las ovejas se disuaden de su rebaño para dejar de ser esas ovejas que todos desean. La perfección, ¡Ja!

En serio, me paro a pensarlo, y no puedo responder, no es que no quiera es que no hay respuesta, porque la simple palabra perfección no es tan perfecta, se repiten dos letras, ¡Con todas las que hay! Y no forma dos rectas, tiene altibajos, la <p>, baja, la <f>, sube. ¡Vaya perfección! Y ya, para colmo, tiene una tilde al final y un punto sobre la <i>. No veo perfección por ningún lado y se supone que lo es. Se supone tantas cosas, con lo difícil que es ver como para suponer. Pero, todo es más fácil si suponemos, todo es más fácil si solo tenemos en mente una meta: la perfección.

Imperfecta perfección.”

Souarin.


Imperfecta perfeccion -(c) -Sonia Gómez Diez

Lentamente

“Toc-toc-toc,

toc-toc-toc,

 

TOC-TOC-TOC,

TOOOOOOOOOOC – TOOOOOOOOOOC- TOOOOOOOOOOC

Por fin,

ya era hora,

la puerta se abre,

me invita a entrar,

acepto con descaro y paso,

pero paso tímidamente.

No se a donde ir,

es tan mía y tan desconocida a la vez.

Me siento perdida en lo que debería ser mi hogar.

Es un lugar frío, un lugar sombrío.

Ahora ya eso me da igual,

(o intento que así parezca).

Me dirijo a mi cuarto, sin mirar a los lados, sin pararme a pensar,

sin pensar, sin parar, sin titubear.

Y me dejo caer, todo el peso de nuevo vencido,

todo el peso, todo,

de nuevo encima.

Pero esta vez no caigo al suelo frío.

Me espera un agradable colchón,

que pronto hace que recuerde que el tiempo me aprieta,

pero,

¿y que más da? me digo.

Todo pasa, lo bueno, rápido; lo malo, despacio, pero pasa.

Es curioso el tiempo.

Esto pesa, esto pesa y no puedo con ello,

pesa cada vez más, cae, lentamente, cae,

como todo.

Lentamente.”

 

Souarin.

Lentamente -(c) -Sonia Gómez Diez

Tic-tac-tic-toc

“Tic-tic-tic-tac

Tac-tic

Tic-tac-tic-tac

Tac-tac-tic

El reloj no para, el reloj no cesa, mi cabeza está de nuevo metida en este túnel sin salida, no puedo pararlo, me aturde, me descoloca, me agobia y me trastoca.

Tic-tac-tic-tac,

Ya, ya sé, ya sé, ya,

No queda tanto para llegar, pero a  mi se me hace eterno,

 el túnel digo, no tiene salida.

Unos pasos más y estoy, me digo,

Tac-tic.

No queda nada,

Tic-tac.

Pero parece un abismo lo que me separa de esto y aquello,

¿Un abismo? ¡Que más da!

Siete pasos, siete pasos nada más.

Tac-tac

Si, son siete exactos, los tengo contados, calculados, medidos. Siete pasos con mi zancada, siete pasos, siete simples pero imposibles pasos.

Tac-tic.

Ya solo quedan tres, tres como los tres cerditos, los tres mosqueteros o las tres marías. Son tres, un número bonito, mágico, son tres tristes tigres los que comían trigo en un trigal, son tres las carabelas, calaveras o velas caras. Tres.

Tic-tic-tic-tac.

Dos, dos pasos, uno y uno, dos, tres menos uno, dos. Dos. DOS. Dos. DOS.

Tic-tac.

Uno.

Ya está,

Ya está aquí,

Aquí está

Aquí ya está,

Ya, aquí.

Aquí está ya.

Tic-tac-tic-tac-tac-tic-tic-tac-tac-tic

Tic-tac-tac

Tic-tac

Toc-toc-toc.”

 

Souarin.

Tic-tac-tic-toc -(c) -Sonia Gómez Diez

Tic-tic-tic-tac

 

“Yo no lo sé,

Pero ya me he decidido, me largo de aquí. Estas mismas reflexiones las puedo tener en cualquier otro lugar, o en ninguno, que más da. Mas me levanto, no es tan difícil, ya el dolor no es dolor, ni si quiera puedo sentir eso, que triste.

Una mano sobre el muro, la otra cual muelle elevando este peso, tampoco es tanto, me digo, sí lo es, me respondo. Ya da igual, estoy en pie, sobre estos dos pies que bien pudieran ser estropajos, los tengo destrozados. Claro está que los zapatos tienen que ir a juego con el resto, asique así estoy yo.

Hace tiempo que el reloj ha dejado de sonar en mi cabeza,

Tic-tac,

en cambio, me pesa, es hora ¿hora? ¿Por qué? Otra vez he caído en este abstracto termino. No puede ser, ¿Para esto tanto esfuerzo? ¿Para esto juego con la gravedad y la desafío intentado mantener el equilibrio sobre dos ejes?

Tic-tac,

es hora.

Tic-tac,

Una vez más,

Tic-tic-tic-tac.”

Souarin.


Tic-tic-tic-tac -(c) -Sonia Gómez Diez

Yo no lo sé.

 “Tú puedes me dije,

tú puedes susurré,

tú puedes,

pero no pude, sigo aquí, tirada, ni sé el tiempo que llevo.

Querer es poder, retumba en mis oídos,

Pero, ¿no es más correcto, poder es querer?

Quizá sea eso, quizá es que no quiera levantarme de aquí, porque y si me levanto ¿qué? Estaré de pie, ya no estaré cogiendo frío sobre esta piedra (aunque ahora creo que el frío lo tiene ella y no yo).

No veo una buena razón para levantarme y seguir mi camino, camino que se hace al andar, como dice ese refrán.

Pero para andar hay que querer,

y yo no sé si quiero,

no sé si puedo,

no sé si puedo querer o quiero poder.

Poder es querer, querer es poder.

Yo no lo sé.”

 

Souarin.


Yo no lo sé. -(c) -Sonia Gómez Diez

Tú puedes, me sigo diciendo.

“Tú puedes,

el suelo está duro,

pero no lo suficiente;

tú puedes,

el cemento me enfría, me escalofría, en mímesis con él me convierte en piedra,

pero a la vez es la sensación más gratificante que en tiempo he sentido;

tú puedes,

hay un muro al lado, muy cerca, de la altura perfecta para servir de apoyo,

pero no está tan cerca como debiera;

tú puedes,

un perro se acerca, vacilante, sospechando de esa masa que ve en frente,

no lo conoces, no te conoce,

no tienes miedo, o no lo crees,

¿y si lo huele?

No, no lo huele, porque no lo tengo.

Aunque, puede que me este intentando auto convencer.

¡O no! Tengo miedo, y lo va a oler, y me va a morder;

tú puedes,

ya tienes una razón más para estar arriba y no aquí, sobre el duro suelo, enfriándote, convirtiéndote en la piedra más frágil que nunca se haya visto, porque hay piedras frágiles, débiles y lo sabes.

No todas las piedras son duras, las piedras se rompen, o pueden estarlo ya, a pesar de no darnos cuenta. Y tú eres una de ellas, una piedra, frágil, rota.

Tú puedes, sigo diciéndome,

tú puedes.”

 

Souarin.


Tú puedes, me sigo diciendo. -(c) – Sonia Gómez Diez