No es vida.

“Y con esa ilusión se vive,

vivir con una ilusión es vida,

pero cuando se apaga es peor que la muerte,

una ilusión apagada significa sufrimiento,

una ilusión sin vida, una vida sin ilusión, no es vida.

 

Así me siento, no se como avanzar, siento que todo paso que doy es retroceso, que poner un pie delante solo significa andar hacia atrás. No encuentro la manera, ni si quiera se si la hay, quizá sea ese el problema, que no la hay y la estoy intentando buscar. Por eso todo paso me lleva a equívocos, a malos ratos, a ríos incesantes de lágrimas resbalando por mi fina tez.

No es vida.”


No es vida. –
CC by-nd 2.5 es –
Sonia Gómez Diez

Anuncios

Mucho, muy, difícil

“Me he dejado caer, pero no me he caído, solo he terminado sentada en esta silla, que antes recordaba cómoda, ahora no aguanto, necesito volver a mi mundo, a mi rincón, donde nada ni nadie pueda molestar. ¡Qué asco estar aquí!

Miro y no puedo dejar de mirar, pero no veo nada, o no quiero verlo. Sigo mirando, y noto que me miran, siento esos ojos clavados en mí, esperan que actúe de un modo, mas haré lo contrario.

Yo sigo mirando, sigo con la mirada fija, no viendo nada, porque no me interesa. En el fondo sí, pero puedo controlar lo que quiero que me interese y esto no me interesa.

Me gusta tener todo bajo control.

Algo se me escapa, puedo mirar y no ver, pero no puedo respirar y no oler, malditos sentidos, por qué serán tantos, así es muy difícil controlar, es muy difícil, mucho.

Mucho, muy, difícil.”

 

Souarin.

Mucho, muy, difícil. -(c) -Sonia Gómez Diez

Me he dejado caer

“Hablando de casualidades, ¿existen? Es algo que siempre escucho pero nunca me ha dado por reflexionar mucho. A decir verdad para pensarlo me pongo un ejemplo:  “¡Qué casualidad verte por aquí!”– retumba en mi cabeza. Y me imagino la situación en la que esa frase encaja. Y sí, a mi me parece que si que existen, porque de alguna manera habrá que llamar a eso que ha sucedido, al igual que al lugar donde la mayoría vivimos llamamos casa y no reflexionamos sobre si las casas existen, ¿existen las casas?

Existe todo aquello a lo que logramos poner nombre.

No sé el tiempo que llevo aquí tirada, mirando al mismo punto, que ya parece estar incluso dibujado en el techo, puedo verlo, casi tocarlo, cada vez lo veo más cerca. Oigo una voz, creo que es hora de moverme de aquí, pero, ¿existen las casas? ¿y nosotros?

¿Y si no existe nada en realidad?

Estoy intentando mover esta pesada pierna, necesito un truco para hacerlo más fácil, me resulta todo un reto ir de un lugar a otro, moverme de aquí para allá, simplemente bajarme de donde estoy, si es que existe, claro, si es que existo.

Lo he conseguido, ya estoy en pie, y ahora queda lo más complicado, coordinar los movimientos hasta allí. ¿Y si allí no existe, para qué todo este esfuerzo?

Cada vez me retumba más la voz, si ya estoy casi, solo tengo que ir al compás de dos dos veces diez. Y dejarme caer.

 

Ya está, deambulo hecho y

 me he dejado caer.”

 

Souarin.


Me he dejado caer -(c) -Sonia Gómez Diez

Imperfecta perfección.

“No oigo, no escucho, no veo, no miro. El tiempo está pasando, pero que más da, que pase, que pase y cuanto más rápido mejor. No sé ni que hora es, pero sigo aquí, con la mirada fijada en lo único blanco que veo en mi vida, lo único que parece ser luz, pero que no lo es. Además, tampoco es tan blanco, tiene manchas, las he contado y son más de diez, de formas diferentes: cuadrados, círculos, pero no son perfectos. ¿Y qué lo es? Siempre en la búsqueda de lo perfecto, mas ¿qué es la perfección? Seguramente muchos nunca os habréis parado a pensarlo, porque no interesa que pensemos, para que vamos a pensar, si pensamos el mundo que unos pocos intentan manejar se escapa, el tren se descarrila, las ovejas se disuaden de su rebaño para dejar de ser esas ovejas que todos desean. La perfección, ¡Ja!

En serio, me paro a pensarlo, y no puedo responder, no es que no quiera es que no hay respuesta, porque la simple palabra perfección no es tan perfecta, se repiten dos letras, ¡Con todas las que hay! Y no forma dos rectas, tiene altibajos, la <p>, baja, la <f>, sube. ¡Vaya perfección! Y ya, para colmo, tiene una tilde al final y un punto sobre la <i>. No veo perfección por ningún lado y se supone que lo es. Se supone tantas cosas, con lo difícil que es ver como para suponer. Pero, todo es más fácil si suponemos, todo es más fácil si solo tenemos en mente una meta: la perfección.

Imperfecta perfección.”

Souarin.


Imperfecta perfeccion -(c) -Sonia Gómez Diez

Tic-tac-tic-toc

“Tic-tic-tic-tac

Tac-tic

Tic-tac-tic-tac

Tac-tac-tic

El reloj no para, el reloj no cesa, mi cabeza está de nuevo metida en este túnel sin salida, no puedo pararlo, me aturde, me descoloca, me agobia y me trastoca.

Tic-tac-tic-tac,

Ya, ya sé, ya sé, ya,

No queda tanto para llegar, pero a  mi se me hace eterno,

 el túnel digo, no tiene salida.

Unos pasos más y estoy, me digo,

Tac-tic.

No queda nada,

Tic-tac.

Pero parece un abismo lo que me separa de esto y aquello,

¿Un abismo? ¡Que más da!

Siete pasos, siete pasos nada más.

Tac-tac

Si, son siete exactos, los tengo contados, calculados, medidos. Siete pasos con mi zancada, siete pasos, siete simples pero imposibles pasos.

Tac-tic.

Ya solo quedan tres, tres como los tres cerditos, los tres mosqueteros o las tres marías. Son tres, un número bonito, mágico, son tres tristes tigres los que comían trigo en un trigal, son tres las carabelas, calaveras o velas caras. Tres.

Tic-tic-tic-tac.

Dos, dos pasos, uno y uno, dos, tres menos uno, dos. Dos. DOS. Dos. DOS.

Tic-tac.

Uno.

Ya está,

Ya está aquí,

Aquí está

Aquí ya está,

Ya, aquí.

Aquí está ya.

Tic-tac-tic-tac-tac-tic-tic-tac-tac-tic

Tic-tac-tac

Tic-tac

Toc-toc-toc.”

 

Souarin.

Tic-tac-tic-toc -(c) -Sonia Gómez Diez

Yo no lo sé.

 “Tú puedes me dije,

tú puedes susurré,

tú puedes,

pero no pude, sigo aquí, tirada, ni sé el tiempo que llevo.

Querer es poder, retumba en mis oídos,

Pero, ¿no es más correcto, poder es querer?

Quizá sea eso, quizá es que no quiera levantarme de aquí, porque y si me levanto ¿qué? Estaré de pie, ya no estaré cogiendo frío sobre esta piedra (aunque ahora creo que el frío lo tiene ella y no yo).

No veo una buena razón para levantarme y seguir mi camino, camino que se hace al andar, como dice ese refrán.

Pero para andar hay que querer,

y yo no sé si quiero,

no sé si puedo,

no sé si puedo querer o quiero poder.

Poder es querer, querer es poder.

Yo no lo sé.”

 

Souarin.


Yo no lo sé. -(c) -Sonia Gómez Diez

Tú puedes, me sigo diciendo.

“Tú puedes,

el suelo está duro,

pero no lo suficiente;

tú puedes,

el cemento me enfría, me escalofría, en mímesis con él me convierte en piedra,

pero a la vez es la sensación más gratificante que en tiempo he sentido;

tú puedes,

hay un muro al lado, muy cerca, de la altura perfecta para servir de apoyo,

pero no está tan cerca como debiera;

tú puedes,

un perro se acerca, vacilante, sospechando de esa masa que ve en frente,

no lo conoces, no te conoce,

no tienes miedo, o no lo crees,

¿y si lo huele?

No, no lo huele, porque no lo tengo.

Aunque, puede que me este intentando auto convencer.

¡O no! Tengo miedo, y lo va a oler, y me va a morder;

tú puedes,

ya tienes una razón más para estar arriba y no aquí, sobre el duro suelo, enfriándote, convirtiéndote en la piedra más frágil que nunca se haya visto, porque hay piedras frágiles, débiles y lo sabes.

No todas las piedras son duras, las piedras se rompen, o pueden estarlo ya, a pesar de no darnos cuenta. Y tú eres una de ellas, una piedra, frágil, rota.

Tú puedes, sigo diciéndome,

tú puedes.”

 

Souarin.


Tú puedes, me sigo diciendo. -(c) – Sonia Gómez Diez

Tú puedes.

“Es un no parar constante,

un ente en movimiento, un ser con vida propia al que no puedo controlar, pero que me consume. Estoy cansada, y cada vez más. Mis fuerzas se esfuman, mis energías inexistentes. Pero yo existo, y tengo que moverme con el esfuerzo que eso supone: se me antojan tantos que ni sé los músculos que tengo que ejercitar, aún así les mando señales para que lo hagan, flexionar, estirar, estirar, flexionar… Esta vez no lo han hecho bien, no me escuchan, y acabo de caer, como si no tuviera poco con lo que estoy ahora mismo viviendo, como para tener que recuperarme de una caída más.

Tú puedes me digo, me engaño o lo intento, tú puedes, susurro o grito, no lo sé. La gente me mira, o yo creo que lo hacen, el pensamiento entre la verdad y el error. ¿Cuándo es el turno de cada uno? Y otra vez pensando, ya os dije, es un no parar, un continuo proceso de trabajo encadenado, en cadena, encadenado, que más da.

Miro al suelo, y allí sigo, el tiempo sigue avanzando, y yo aquí, tirada, intuyendo cómo pasa el tiempo. Esto me está matando, o lo que es peor, no lo está haciendo. Me consume como esos cigarrillos que quedan en el suelo en las últimas, encendidos, acariciados por el aire, terminándose poco a poco, poco a poco, poco a poco invisibles. Tú puedes, me dije, me digo,

tú puedes.”

Souarin.


Tú puedes -(c) – Sonia Gómez Diez

No era mi lugar.

“Yo estaba sentada,
pensando, divagando sin saber a donde iba ni de donde venía, cuando, de repente, supe que no estaba bien. Se me había ido de las manos y se estaba escapando cada vez más. Decidí acudir al lugar que debía.

La situación no fue alarmante, me senté, explique lo que me ocurría y sentía como me escuchaban, como si de una historia se tratara, como si estuviera contando lo bien que me ha ido el día. Todo cambió minutos después.

Estaba allí, pero no era mi lugar. Tenía miedo de que alguien me reconociera, pero yo no reconocía a nadie. Era un lugar de lo más espantoso, no era mi lugar. La gente no miraba, la gente no veía, la gente no hablaba, la gente no escuchaba, no susurraba, no había gente, había cuerpos con vida, pero una vida sin corazón latiente.
No era mi lugar.

Souarin.


No era mi lugar. – (c) -Sonia Gómez Diez