Me he dejado caer

“Hablando de casualidades, ¿existen? Es algo que siempre escucho pero nunca me ha dado por reflexionar mucho. A decir verdad para pensarlo me pongo un ejemplo:  “¡Qué casualidad verte por aquí!”– retumba en mi cabeza. Y me imagino la situación en la que esa frase encaja. Y sí, a mi me parece que si que existen, porque de alguna manera habrá que llamar a eso que ha sucedido, al igual que al lugar donde la mayoría vivimos llamamos casa y no reflexionamos sobre si las casas existen, ¿existen las casas?

Existe todo aquello a lo que logramos poner nombre.

No sé el tiempo que llevo aquí tirada, mirando al mismo punto, que ya parece estar incluso dibujado en el techo, puedo verlo, casi tocarlo, cada vez lo veo más cerca. Oigo una voz, creo que es hora de moverme de aquí, pero, ¿existen las casas? ¿y nosotros?

¿Y si no existe nada en realidad?

Estoy intentando mover esta pesada pierna, necesito un truco para hacerlo más fácil, me resulta todo un reto ir de un lugar a otro, moverme de aquí para allá, simplemente bajarme de donde estoy, si es que existe, claro, si es que existo.

Lo he conseguido, ya estoy en pie, y ahora queda lo más complicado, coordinar los movimientos hasta allí. ¿Y si allí no existe, para qué todo este esfuerzo?

Cada vez me retumba más la voz, si ya estoy casi, solo tengo que ir al compás de dos dos veces diez. Y dejarme caer.

 

Ya está, deambulo hecho y

 me he dejado caer.”

 

Souarin.


Me he dejado caer -(c) -Sonia Gómez Diez

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