Tú puedes, me sigo diciendo.

“Tú puedes,

el suelo está duro,

pero no lo suficiente;

tú puedes,

el cemento me enfría, me escalofría, en mímesis con él me convierte en piedra,

pero a la vez es la sensación más gratificante que en tiempo he sentido;

tú puedes,

hay un muro al lado, muy cerca, de la altura perfecta para servir de apoyo,

pero no está tan cerca como debiera;

tú puedes,

un perro se acerca, vacilante, sospechando de esa masa que ve en frente,

no lo conoces, no te conoce,

no tienes miedo, o no lo crees,

¿y si lo huele?

No, no lo huele, porque no lo tengo.

Aunque, puede que me este intentando auto convencer.

¡O no! Tengo miedo, y lo va a oler, y me va a morder;

tú puedes,

ya tienes una razón más para estar arriba y no aquí, sobre el duro suelo, enfriándote, convirtiéndote en la piedra más frágil que nunca se haya visto, porque hay piedras frágiles, débiles y lo sabes.

No todas las piedras son duras, las piedras se rompen, o pueden estarlo ya, a pesar de no darnos cuenta. Y tú eres una de ellas, una piedra, frágil, rota.

Tú puedes, sigo diciéndome,

tú puedes.”

 

Souarin.


Tú puedes, me sigo diciendo. -(c) – Sonia Gómez Diez

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