Tú puedes.

“Es un no parar constante,

un ente en movimiento, un ser con vida propia al que no puedo controlar, pero que me consume. Estoy cansada, y cada vez más. Mis fuerzas se esfuman, mis energías inexistentes. Pero yo existo, y tengo que moverme con el esfuerzo que eso supone: se me antojan tantos que ni sé los músculos que tengo que ejercitar, aún así les mando señales para que lo hagan, flexionar, estirar, estirar, flexionar… Esta vez no lo han hecho bien, no me escuchan, y acabo de caer, como si no tuviera poco con lo que estoy ahora mismo viviendo, como para tener que recuperarme de una caída más.

Tú puedes me digo, me engaño o lo intento, tú puedes, susurro o grito, no lo sé. La gente me mira, o yo creo que lo hacen, el pensamiento entre la verdad y el error. ¿Cuándo es el turno de cada uno? Y otra vez pensando, ya os dije, es un no parar, un continuo proceso de trabajo encadenado, en cadena, encadenado, que más da.

Miro al suelo, y allí sigo, el tiempo sigue avanzando, y yo aquí, tirada, intuyendo cómo pasa el tiempo. Esto me está matando, o lo que es peor, no lo está haciendo. Me consume como esos cigarrillos que quedan en el suelo en las últimas, encendidos, acariciados por el aire, terminándose poco a poco, poco a poco, poco a poco invisibles. Tú puedes, me dije, me digo,

tú puedes.”

Souarin.


Tú puedes -(c) – Sonia Gómez Diez

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